25 feb. 2014

Carta a un inmigrante

                                                            

Querido inmigrante;

     Tal no será tu desesperanza  que cruzas el estrecho en una débil patera. Saltas la valla alambrada de la frontera. Huyes de las autoridades. Alcanzas la orilla nadando si fuere necesario.
Llevas meses e incluso años en un campamento mugriento. Entre basura y escombros. Esperando el momento de cruzar. Muchos días estás enfermo. Estás débil. Hace mucho tiempo que no bebes ni comes nada de caliente.  
Tu sueño es encontrar un mejor porvenir. Dejas atrás tu tierra, tu país, tu cultura y tu gente.
Te preguntarás quién soy yo. Te respondo, soy una admiradora tuya. No nos conocemos. Aún así admiro tu fortaleza. Admiro tu profunda desesperación. Admiro la fortaleza con la que un buen día decidiste dejar toda tu vida atrás para encontrar la ilusión de un mejor porvenir.

     Te escribo para que sepas que pienso en ti. No estás tan solo como crees. Yo pienso en ti. Yo me pongo en tu lugar. Yo tiemblo al conocer las penurias que has de pasar para conseguirlo. Malvivir agazapado cerca de la frontera esperando el momento oportuno. Tratar con mafias que sólo quiere el muy poco dinero que llevas en el bolsillo. Estás enfermo pero aún así estas decidido a conseguirlo. Nada de esto te detiene. Te admiro profundamente.
Créeme que poder modificar algunos obstáculos que permitan salvar tu vida, sería una de mis ilusiones. Ruego encarecidamente que no arriesgues tu vida, y más a sabiendas que en esa travesía podrías perderla. Solo quedarías en un número más. Una vida más derramada entre las olas.
Que no te engañen. No arriesgues tu vida en ese mar. Si no lo logras será tu perdición. Podrías quedar atrapado entre sus olas. Todo por una vida soñada que no tengo muy claro si la podrás hacer realidad.

     Lo siento. Aquí las cosas no son tan fáciles. Me encantaría ayudarte a salir de tu miseria. Lo intentas. Luchas por conseguirlo. Luchas por cambiar tu situación. Luchas por que tus gentes tengan una oportunidad.
Prométeme que no arriesgarás tu vida. No vale la pena. La vida es lo único que no se puede reemplazar. Ojala un día tu país te ofrezca los derechos humanos que tanto mereces. Eres un superviviente. Un valiente. Un inmigrante que cruza el estrecho en una débil patera.



Cuidate mucho.